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viernes, 30 de enero de 2026

Job 3:14 Guardia imposible


Tres quince y la casa en silencio

mi futuro respira en otro universo

dos soles girando detrás del tiempo

mis promesas dormidas dándome aliento


El cursor, la intriga, la noche vacía

un resoplido y la red todavía respira

no tengo voz, no corto cintas

pero con mis manos frías el mundo titila


Trabajo invisible, fantasma en la red

sin capa ni premio, sostengo la fe


Soy la noche que nadie mira

el pass que nunca expira

yemas frías

las sienes ardidas



La guardia que nunca se retira

cuando todo anda nadie mira

cuando todo cae y nadie sabe

ahí estoy, sosteniendo la red


Lluvia de tickets, llamadas sin nombre

culpas ajenas cayendo en mi nombre

si todo funciona nadie pregunta

si algo se rompe, mi vida se apunta


Mate frio, ojos cansados

ciudades dormidas, datos truncados

mientras el mundo descansa su suerte

yo cuido el pulso que lo mantiene unido


No busco fama

no busco altar

solo que mañana

todo siga igual



La guardia que nunca se retira

héroe sin luces ni mentira

cuando todo cae y nadie ve

ahí estoy , sosteniendo la red

miércoles, 28 de enero de 2026

Se para dos

Yo también perdi tiempo
No por indiferencia
No por promesas vacías
Lo perdí intentando sostener algo que se iba apagando sin que ninguno supiera cómo nombrarlo


Me quedé mientras pude
Mientras crei
Mientras sentí que todavia valia la pena
No porque no tuviera coraje

sino porque sí lo tuve…
y cuando entendí que no había más, dije: hasta acá
Nunca planifiqué desde ilusiones falsas
Fui haciendo lo que me salía, lo que podía, lo que sabía

Con errores
Con cansancio
Con el foco puesto en criar, en sostener, en atravesar etapas
Ella no apostaba a crecer juntos

Se fue cerrando en su propio mundo
En sus enojos
En sus silencios
En sus vueltas internas


Yo esperaba que el tiempo acomode
Que las etapas pasen
Que las heridas bajen
Que la vida nos encuentre de nuevo


Pero no pasó
No tuvo paciencia
Yo no supe darle lo que esperaba
Y todavía hoy no sé exactamente qué era


No fue falta de amor
Fue falta de encuentro
El tiempo pasó
Las estaciones cambiaron


Y un día entendimos ,los dos
que estábamos girando en un vínculo que ya no nutría,
que solo sobrevivía por historia, por costumbre, por miedo a soltar


Lo que más dolió no fue el final
Fue escuchar que hacía tiempo que ya no me amaba
Que yo seguía ahi…
cuando para ella ya era pasado


Eso rompe


No porque uno quiera retener
Sino porque descubre que caminó solo durante años sin saberlo
No fui el único responsable
Ella tampoco


Ambos demoramos la verdad.
Ambos estiramos lo inevitable
Ambos retrasamos nuestra sanación
Aprendimos tarde,

Pero aprendimos


El tiempo no vuelve

Pero deja marcas
Y también enseñanzas

Hoy elijo aprender
Elegir con claridad.

No quedarme donde no soy amado
Donde no somos amados


Porque fui un mar…
y muchas veces recibí apenas migajas.


Y aun así, me quedé
Hasta que entendí
que amar también es saber irse

miércoles, 21 de enero de 2026

JL y el río Paraná, como Aquiles y el río Estigia

El conjuro del padre

Papá Loro me contó que cuando Aquiles de la mitología griega nació,
fue sujetado de los talones y sumergido en el misterio,
como quien aprende que el cuerpo es templo,
y el alma es temple: la promesa.

Yo no tuve río sagrado;
tuve sangre, tuve monte, tuve memoria, la de los payé, la de los antiguos.

Cuando nació J, lo mismo L.
Mi mano derecha fue al cielo,
mi palma, un espejo de agua al infinito.
Pronuncié su nombre, como sujetando una semilla
antes de confiarla a la tierra,
despacio, con ceremonioso respeto
y la certeza de que lo pequeño también puede ser eterno.

Invoqué a los payé del monte,
a los abuelos invisibles que caminan sin dejar huella,
a los yára de cada lugar, dueños y guardianes del monte.
Les pedí su venia.

Pedí que L que J
fuera cubierto por la misma luz
con la que el kuarahú despierta cada mañana.
Que ningún mal lo alcance.
Que ninguna sombra lo confunda.
Que la suerte lo reconozca como propio
y la buena fortuna lo siga
como un mainumby azul que frente a él va,
volando siempre un paso delante de su destino.

Y pedí también, en mi lengua,
la lengua que sólo existe
cuando el corazón la necesita,
lengua oculta al mundo,
íntima como su nombre guaraní,
que todo daño dirigido hacia él
regrese convertido en señal,
no en venganza,
sino en revelación:
para que yo supiera, sin odio,
quién olvidó amar.
Shet shes drash up.
Tau shoyek liuis.
No como maldición,
sino como espejo.

Cuando nació L,
repetí el gesto.
Pero esta vez, la oración ya no estaba sola.

Porque los hermanos no se hieren en los libros del alma.
Porque entre ellos, el castigo se disuelve.
Porque la sangre que se reconoce no se juzga.

Y entonces pedí que se protejan mutuamente
cuando yo no pueda,
que se recuerden cuando duden,
que se nombren cuando el mundo intente borrarlos.

Que J sea K______.
Que L sea M____.
Que entre ambos exista siempre un puente invisible
hecho de infancia,
de risa,
de memoria compartida. Notre petit souvenir.

No los sumergí en ningún río.
Pero los levanté en mi fe.

Y los entregué al mundo
con una oración hecha de carne, viento y promesa.

Desde entonces,
cada vez que los miro,
sé que mi conjuro sigue vivo.

No porque los haga invencibles,
sino porque los hace amados.




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sábado, 6 de diciembre de 2025

El tiempo aprende a caminar, el azul que vuelve del monte - Guia Naturaleza Santa Catalina.

 El momento de conexión que siento con mis hijos durante la travesía al colegio es tan intenso que a veces quisiera detener el mundo ahí, apenas un poco más. Congelado.

Mirá, papá.

Cierra los ojos. Yo lo miro y veo dibujada su sonrisa.
Encaramos directo al Este. Son las 7:20 de una mañana de verano. El sol le pinta un lingote dorado de sien a sien, le llena la cara, y recostados compartimos una sonrisa y ese misterioso azul.

La misma mirada azul.

No el color. La mirada.


Si me entendés, sabés que ese azul no pertenece a esta mañana solamente: es un viaje iniciático, un saludo secreto. Es el mismo azul que vi yo cuando me formaba al aire libre con mis compañeros, en un patio sin techo, en los ochenta, uno entre dos mil alumnos. Tomábamos distancia, miraba al cielo y cerraba los ojos… La primera vez que lo vi.


Cuarenta años antes que vos.

Los abro hoy, y acá estás.


El azul.


Cuando vamos con Elena, ella se afirma como comandante en la torreta de un tanque, con los brazos acodados entre nosotros. Dueña del camino. Amo tanto estos momentos que quisiera que quedaran grabados para siempre, porque los extraño incluso mientras suceden.

Todo, absolutamente todo, con él y con Ele, es oro.


Nos pasó algo extraño en esta vida linda. Durante mucho tiempo creí que para sobrevivir tenía que escaparme del presente, que podía vivir en todos los tiempos a la vez. Que podía cerrar los ojos y verlos grandes, verlos en cada chico de veinte, en cada par coetaneo mío, en cada viejito. A ambos. En todos lados.

Vivíamos en una casa poblada de vidas: tortugas —Pety, de cincuenta años, y Pitito—, ajolotes, salamandras, tarariras, tiburoncín. El gallo Tokai, gallinas con Josefina. Odín y Luna corriendo el patio. Un beta goldie, dos o tres. Axolotes bola de nieve — uno y dos — , Pedo y Culito, Chimuelo y Chicuelo.

El jardín era un pedacito de Corrientes. Un Svalbard Frøhvelv noruego germinado en este litoral.

Un arca de Noé vegetal: mburucuyá, ñangapirí, yvápurú, guayaba, arándanos, jazmín, totumo, café, bananas, ambay, amambays, limonero, mandarina, santa rita, copa de oro, niño rupá, jazmín del monte, granadas, chirimoya, guanábana, cocú, menta, manduví guazú, tomatillo de Jerusalén.

Orquídeas silvestres que habían vivido en las casas de mis abuelas. Helechos, higos, olivos, mimosas, aguapey, salvinias, pistias, lemnas. y los curiosos zorzales, picasú, mainumbys con sus buenas noticias y las teyú afirmando con la cabeza que sí a todo en el calor.


Hacia la vereda, las tardillas de las sierras. las tabaqueras de flores blancas. —Cuando se abren, Juan, es señal de que tenés que ir a la seño— le digo. Florecen al atardecer, justo cuando a las siete él tiene clases de apoyo. Están en todas las veredas del camino. Se abren para él.


En los ochenta, durante la tarde, mi abuela me acompañaba de regreso a casa. Me decía que esas flores tenían un duende.

Buenas noches, Don Diego —había que saludar.

Nicotiana longiflora

Ahí empezaba mi interminable batería de por qué.
Preguntas sin respuestas completas. Como a él ahora.

Todo tiene su señor y protector, su yara decía otra abuela, como el señor de los pájaros, por eso teníamos que cuidarlos, y pedir permiso así sea para arrancar una flor.

Ahí pensé en mi papá. En Mario. En la Reserva Natural de Santa Catalina, en que esas mismas sendas alguna vez fueron entrenamiento antiguerrilla, cazabobos, supervivencia pura, días sin agua, borceguí mojado entre cárcavas, noche y día, allá por el ’76. Pensé en cómo el monte lo había probado a él desde el miedo y la resistencia, y cómo hoy nos probaba a nosotros desde otra verdad. Juan y yo, con botas también, pero caminando en comunión con el abuelo, no huyendo sino entrando no sobreviviendo a los elementos sino empapándonos de anécdotas. Tres horas bajo el sol: entramos con 28 grados y salimos con 36, entramos dos, él y yo con 45 y 7 años y salimos abrazados por nuestros ancestros, los abuelos. El viaje comenzaba en un túnel de arbustos cerrados y nos devolvía por otro, nos devolvía distintos. Un renacer. Del otro lado nos esperaban nubes de mariposas, levantándose del suelo en oleadas cual papel confeti, como si el monte —que todo recuerda— nos estuviera diciendo que esta vez no era para endurecerse, sino para volver.

Sin darme cuenta, sin intención consciente, le enseño lo que heredé.
No cosas de grandes.
Cosas antiguas.

Le enseño a leer la tierra, a leer el monte, las huellas. A leer lo que no está escrito. A leer a la gente: a los viejos, a los niños, sus dificultades. A escuchar más de lo que hablo. Porque cuanto más callado estoy, más puedo escuchar.

—¿Verdad, papá?
—Así es. Tenemos que ser ninjas.

Aprendimos a ver a la yegua con su potrillo solo por las pisadas. Al aguará popé, que se escapa de ellos y de nosotros. Y al final del viaje, cuando aparecen los caballos en tropel, la yegua y su potrillo todo cobra color y magnitud.

La realidad se deja ver.

Total, los ojos no ven lo que la mente no sabe. El corazón calla, porque atesora, como toda la emotividad que hay aquí.

Las sombras en la tierra dejan de ser sombras y se vuelven enseñanza. Y sin saberlo del todo, caminamos como caminaron otros antes: hijo, papá, abuelo, bisabuelo —payé del monte—, médico guaraní, chamán de la selva. Como su madre, partera de mujeres en trabajo de parto. Manos sabias manos que sabían. Sus ojos, esa mirada azul. 


Y así nos convertimos, en guías, del tiempo, de la naturaleza, nos convertimos en lo que fuimos Payé del Monte no es magia ingenua.

Es memoria viva.

Es la forma que tiene la tierra de reconocernos cuando aprendemos a mirar.


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martes, 20 de mayo de 2025

Sea cual sea tu sueño, ¡comiénzalo! La magia del compromiso



 Una amiga (¡gracias Mel!) compartió un texto de Goethe sobre la magia del compromiso


El_puente_donde_habitan_las_Mariposas.pdf

Hasta que uno se compromete,
existe la duda, la posibilidad de retirarse.

En lo concerniente a actos de iniciativa y creación,
existe una verdad elemental,
y el ignorarla
mata innumerables ideas y planes magníficos:
en el momento en que uno se compromete,
también interviene la providencia.

Ocurren, entonces, todo tipo de cosas positivas,
que de otro modo jamás se habrían producido.
Una serie de acontecimientos derivan de esa decisión,
poniendo a favor de uno
incidentes fortuitos, encuentros insospechados y material de apoyo,
que ningún hombre podría haber soñado con lograr.

Sea cual fuere tu sueño, comiénzalo. La audacia tiene genio, poder y magia.

¡Empiézalo ¡Ahora!

Johann Wolfgang von Goethe



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miércoles, 23 de abril de 2025

Un día para agradecer la vida, mi recordatorio de lo finito

 Mateo 6:34 No te preocupes por el mañana, porque el mañana se cuidará de sí mismo. Basta a cada día sus propios problemas.


Corrientes 23 de abril de 2025

Hoy en el día de mi muerte, me desperté temprano, con el alma encendida. Había en mí una ansiedad serena, una energía contenida, como si el cuerpo supiera lo que el corazón aún no decía. Sentí una contractura en el cuello, que cedió, como una señal de que todo estaría bien. Antes de partir, fui a practicar los pequeños rituales del amor, fui a tapar a cada uno, Juanes y a Elena, al costado de cada uno les puse una almohada cerca para que les de calor, como quien deja una bendición silenciosa. Elena acostada como pollo a la parrilla, abrigada por su pañal. Juanes abajo con las dos manos juntas, o al costado.

Me desperté, y alisté, salí a tiempo, pasé por la casa de mamá, la abracé con la paz de lo cotidiano. Me bendijo, como cada mañana, con su frase sagrada y la cruz pintada en el aire. Hace una semana retomé el ejemplo de mi abuelo de desplazarme en bici a todo. Llegué al semáforo y pienso “aquí comienza”, porque allí el viento suele anunciarse con fuerza, como una voz que recuerda que estamos vivos. Vi un muchacho adormecido por el sueño y el frío envuelto en una fina sábana verde, hacía 14 grados, pensé: yo habría elegido una calle menos ventosa, pero él, quizá, ya no elegía. Llegué a la rotonda de la virgen de Itatí, levanté la palma de mi mano y le pedí su bendicion sobre mi y los mios.

Pude disfrutar el camino, pude agradecer a Dios por poder andar en bici como anoche, que también agradecí, cuando estuve con los mios.
Ellos como una noche más, como si la vida fuera para siempre, pero yo estaba ahi esa noche porque era el "último día", mi última noche, les anuncié que rezaríamos como cada noche la oracion de la abuela y escuché sus vocecitas a coro: Angelito mio cuidame esta noche y mañana todo el día Aaaaamén. "adormiiiir"!
Resulta que un día como hoy pero hace 25 años hablaba con papá y él me decía que en la prehistoria los hombres morían a los 45 años. Reflexioné con eso y su otra frase que me decía a los 8: "Nacer es caminar hacia la muerte".
Asi que en esa charla, yo tenía 20 años y tener 45 estaba lejísimo. Entonces decidí que aquel día futuro, el 23/4/2025, sería simbólicamente mi final. Un recordatorio, no una tragedia. Una señal para no dormirme en la espera, de que la vida no es para siempre, que tenía que aprender a nadar, volar, bucear, viajar, plantar los árboles, escribir libros y tener mis dos hijos, vivir la vida no dejarla para despues, carpe diem como en "La sociedad de los poetas muertos".

Hoy, el camino en bici fue una plegaria sin palabras. El perfume de las plantas flotaba tenuemente como incienso. Las flores de la noche aun encendidas, El cielo, inmenso se abría sobre mi, el olor de la osamenta estaba ahi también, el cielo era hermoso, el rocio de las plantas, la bruma a lo lejos, el vapor que delata los espejos de agua, el Sol asomando en cada calle que lo señalaba, entre las hojas de los sauces llorones, sus rayos por el cristal de la camioneta abandonada y los pinos secos como viejos sabios, los apereá en familia con sus bebés pegados al cuerpo como promesas y un águila tocando el limbo del Sol sobre el horizonte, un toguató por encima de todo, silencioso, majestuoso, calmo ajeno a lo finito.

Todos los días son un renacer como el Sol en el horizonte.
No te preocupes por el mañana, porque el mañana se cuidará de sí mismo. Basta a cada día sus propios problemas.

“La muerte no es el final de todo, sino el comienzo de algo”, afirmó el papa Francisco en el prefacio del libro Esperando un nuevo comienzo, reflexiones sobre la vejez que se publicará hoy.




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miércoles, 26 de febrero de 2025

Facundo Cabral - No soy de aquí ni soy de allá

Facundo Cabral



 Me gusta el sol, Alicia y las palomas

El buen cigarro y la guitarra española Saltar paredes y abrir las ventanas Y cuando llora una mujer (de alegría) Me gusta el vino tanto como las flores Y los conejos y los viejos pastores Y el pan casero y la voz de Dolores Y el mar mojándome los pies No soy de aquí ni soy de allá No tengo edad ni porvenir Y ser feliz es mi color de identidad Me gusta estar tirado siempre en la arena o en bicicleta perseguir a Manuela O todo el tiempo para ver las estrellas Con la María en el trigal No soy de aquí ni soy de allá No tengo edad ni porvenir Y ser feliz es mi color de identidad (la felicidad no es un derecho es un deber porque si no sos feliz estas jodiendo a todo el barrio)

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